El amistoso entre Argentina y Mauritania fue uno de los temas principales de la semana. Si se mantiene la misma emoción por ver a la Selección o si ya bajaron un poco las revoluciones desde el Mundial (¿cómo que ya pasaron cuatro años?) quedará para otra nota. La cancelación de la Finalissima por falta de acuerdo entre las dirigencias del fútbol español, argentino y mundial abrió la puerta a este partido en el país. Contra Mauritania. A 76 días del Mundial, la pregunta quedó dando vueltas sobre si alcanza para medirse de cara a lo que viene.

La sede también cambió el mapa y se trasladó al sur de la Ciudad de Buenos Aires. La Bombonera fue la elegida en lugar del Monumental, ocupado por recitales de AC DC. Con una capacidad menor, cerca de 33 mil lugares menos, la disponibilidad se redujo y el acceso se volvió un tema en sí mismo.

La venta arrancó el lunes 23 de marzo a la mañana por Deportick. A las pocas horas, agotado. Todo dentro de lo previsible… hasta que dejó de serlo. Durante la noche previa al partido, en redes sociales empezó a circular otra vez la venta en AFA Tickets, que también forma parte del ecosistema de la entidad. De golpe volvieron a aparecer populares de 90 mil pesos y plateas de hasta 490 mil. Entonces nacieron las preguntas ¿de dónde salieron? ¿Se liberaron a último momento? ¿Se guardaron? ¿Quién accedió realmente a la primera venta?

MENSAJE.

Con ese panorama, LA GACETA recorrió el estadio y habló con hinchas en distintos sectores. Florencia Magan y Mariano Juzt estaban con sus dos hijos, sacándose fotos con sonrisas de oreja a oreja. “Es un sacrificio. Es fin de mes. Ver la ilusión de mis hijos al ver a Lionel Messi en vivo no tiene precio. Es la primera vez que venimos y sé que van a contar esto toda la vida. Para nosotros como padres verlos felices lo vale todo. Si las entradas estaban caras, el amor no tiene precio”, expresó.

A pocos metros, dos hinchas que prefirieron no identificarse. “Nos regalaron las entradas”, dijeron. No quisieron explicar quién ni por qué.

Cerca de ellos, Alejandro Rivero y Fabián Ferrufino. Hinchas de Boca, habitués de la popular en los partidos del “Xeneize”. Esta vez eligieron platea. No consiguieron en la primera venta. Compraron en la madrugada del mismo día del partido. Y consiguieron. “El precio es adecuado. Es lo que vale ver a Messi. Si es caro dependerá de cada uno y de la economía de cada casa. Para mí ver a Messi es ver algo único, es historia en vivo y van a pasar años hasta que llegue uno igual. Para eso se paga lo que sea”, expresó Fabián.

Ya ubicados en sus asientos, José Luis Gómez esperaba junto a su hijo Elías. “La entrada tiene el precio que tiene. Si es caro o no no lo sé. Es lo que vale ver a esta Selección y pudimos pagarlo. Es una ilusión poder estar acá”, dijo.

La intriga se instaló desde temprano. Saber si todas las entradas se vendieron o si parte terminó en manos de clubes, invitados o amigos quedó sin respuesta. En el sector que ocupa La 12 cuando juega Boca, estuvieron ellos. Completo. ¿Consiguieron por Deportick? ¿O por otra vía?

Amigos o no, invitados o no, el enojo con Claudio “Chiqui” Tapia se hizo notar. A diferencia de las ovaciones para los jugadores, su ingreso al campo de juego para entregarle una placa a Juan Román Riquelme fue acompañado por abucheos y silbidos. Contra su gestión. O contra él mismo. Difícil separar una cosa de la otra.

El mensaje se extendió por toda la Bombonera. Y si el cambio de sede, las invitaciones o la elección de un estadio con menor capacidad apuntaban a evitar ese momento, no alcanzó. El enojo igual se hizo escuchar. El resto quedó en manos del fútbol. Disfrutar a la selección campeona del mundo antes del viaje al Mundial.